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Es evidente que a medida que pasan los años la participación en competencias y
logros deportivos de las mujeres, se va incrementando.
En la actualidad es imposible pensar por ejemplo, en juegos olímpicos sin la
participación femenina. Sin embargo no hace tanto tiempo, su presencia en estas
competencias estaba prohibida.
¿Cómo entender este aumento de participación de las mujeres en el ámbito deportivo?
Considero que una forma de comenzar a comprender este cambio es ampliando el
análisis de esta situación tomando también el contexto social y la situación del género
femenino a lo largo de los años. Antes que nada debemos aclarar que si hablamos de“género” nos referimos no ya a las diferencias biológicas, sino a todas las “creencias”
que culturalmente se crean en torno a lo masculino y femenino.
Desde la modernidad el rol de la mujer siempre estuvo relegado a lo que podríamos
denominar el ámbito privado, doméstico, afectivo. Allí encontramos a las mujeres a
cargo del cuidado de la casa, familia, hijos. Lo que popularmente se denomina “ama
de casa”. Esto genera como contrapartida que el campo público, la otra cara de la
misma moneda, pase a ser ocupado pura y exclusivamente por los hombres. Podemos
tomar, por ejemplo, una frase del saber popular y que muchas veces hemos
escuchado: “detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer”: frase que
comúnmente se utiliza para dar cuenta de la importancia del rol social de las mujeres,
pero también en este mismo movimiento, las deja en un segundo plano, relegadas.
Con el correr de los años y el siglo XX, lentamente esta concepción se fue
cuestionando y las mujeres pudieron (no sin esfuerzo y enfrentando grandes
resistencias) ir ganando su lugar en el ámbito público: poder estudiar, votar, obtener
puestos jerárquicos en las empresas, etc. Sin embargo en muchos casos, este logro
nos las exceptuó de realizar el doble trabajo, doméstico y público. Actualmente, nos
encontramos con grandes cambios en este sentido, mujeres ocupando cargos tan
relevantes para los países como el de presidenta, cuando hace algunos pocos años no
podían siquiera votar.
De esta forma podemos ir viendo cómo el movimiento que se fue dando en el campo
deportivo no es ajeno a lo que fue (y continua) ocurriendo a nivel social. Campo que
desde sus inicios ha sido ocupado exclusivamente por hombres, por su carácter físico
y competitivo.
Por ejemplo, podemos ver que en la primera edición de los Juegos Olímpicos
modernos, allá por el año 1896, la participación de las mujeres estaba prohibida, y
luego, lentamente, se fue permitiendo. En la actualidad la presencia femenina no solo
esta instituida e indiscutida, sino que también encontramos disciplinas en las que su
performance es aun mas reconocida que la de los hombres.
A nivel social son muchos los cambios que se deben realizar para que la inequidad
entre géneros siga disminuyendo, y llegue a si fin.
Por lo tanto, también en lo deportivo, las mujeres deben luchar no solo contra un
contexto de reglas creado por y para los hombres, sino también contra las creencias
que las ubican en un lugar inferior frente al género masculino y que definen un “deber
ser” femenino que limita sus posibilidades de acción, como por ejemplo el ser madre.
Aquellas que en la actualidad pueden sostener esta lucha, son quienes logran
conquistar día a día un paso mas hacia la igualdad de géneros.
¿Por qué no pensar al deporte como un campo que se transforme en la puerta de
acceso hacia esta superación de las diferencias? |
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